sábado, 11 de julio de 2009

asamblea nacional de educacion (opinion)


La Comisión Internacional sobre la Educación de la UNESCO planteó hace poco tiempo que enfrentar los desafíos educativos en los países en desarrollo era una tarea particularmente difícil, porque por la penuria de recursos no se podían satisfacer todas las demandas. Siendo esto así, señala que las decisiones a tomar exigen la apertura de un debate democrático, que involucre a toda la nación. En la ruta de trabajo promovida por el Consejo Nacional de Educación, con el apoyo de múltiples instituciones, hemos tenido muy en cuenta el criterio de consultar a los distintos agentes sociales a fin de que la planificación educativa adquiera una dimensión social, trasladándose de la elaboración por parte de especialistas de frías metas encuadradas en sofisticados escenarios, a la promoción de consensos y la construcción compartida de respuestas entre los distintos actores del quehacer educativo.
Quince mil personas reflexionamos y debatimos en los 29 eventos que se desarrollaron en 22 ciudades del país, entre el 26 de octubre y el 4 de diciembre de 1997, como fase inicial preparatoria de la Asamblea Nacional de Educación.
En dichos eventos participaron docentes de base, miembros del sector académico y de investigación, el Ministerio de Educación, dirigentes gremiales, empresarios, organizaciones sociales y comunitarias, dirigentes de la educación privada, representantes de los gobiernos estadales y municipales, representantes de las iglesias, comunicadores sociales, representantes del Congreso Nacional y representantes de instituciones culturales y científicas.
En un segundo momento se realizó la Asamblea Nacional de Educación en Caracas, entre el 11 y el 17 de enero de 1998, con la participación de más de mil quinientos delegados de todo el país y de invitados especiales. Lo interesante de esta movilización nacional en torno a la educación es que ella viene a condensar un movimiento de opinión que se viene generando en el país desde 1986, para enfrentar los males de la misma. En ese año una calificada comisión, la COPEN, presidida por Arturo Uslar Pietri diagnosticó con severidad nuestras deficiencias educativas; en 1989, el Consejo Nacional de Educación promovió el Congreso Nacional de Educación; en 1992, la Academia Nacional de la Historia organizó la Jornada de Reflexión sobre el Presente y Futuro de la Educación Venezolana; en 1993, la Conferencia Episcopal y la UCAB promovieron el primer Encuentro de la Sociedad Civil, en el cual se abordó el tema educativo; también en ese año la COPRE presentó su Agenda para la Reforma Educativa.
Igualmente, a finales de 1993, el Consejo Nacional de Educación presentó su Plan Decenal para la educación, primer intento en el país de tratar de sacar a lo educativo de los linderos de las meras políticas de gobierno para tratar de que sean políticas de Estado. Y de 1994 en adelante, han sido muy frecuentes los encuentros en los que se ha asediado intelectualmente al problema educativo.
Pretender reseñarlos in extenso podría dar lugar a la injusta omisión involuntaria de algunos. Pero valga la pena destacar el realizado en la UCAB, con el auspicio de la Fundación Polar, en 1994, que culminó con el texto Doce Propuestas Educativas para Venezuela o el realizado por el CIED en 1997: Empresarios y Educadores, socios para construir el futuro; o los ciclos promovidos por la Fundación SIVENSA o la importancia concedida al tema educativo en los encuentros de Gerencia motorizados por la Asociación Venezolana de Ejecutivos, para dimensionar el hecho de que la educación no es tema que preocupe y ocupe tan sólo a instancias gubernamentales o universitarias sino también, de manera muy aguda, al sector empresarial y a muchos otros sectores del país.
La importancia de la educación, en cuanto problema y en cuanto la vía para asegurar ya no sólo la participación política sino el desarrollo económico, ocupa el primer plano de la conciencia nacional. Han contribuido de manera muy destacada a lograr esta recolocación del asunto educativo las prédicas del Ministro Antonio Luis Cárdenas y los debates suscitados a raíz de la publicación del Plan de Acción del Ministerio de Educación, en 1995, al igual que la disposición de los medios de comunicación de darle el espacio que el tema amerita.
Por eso, porque se tiene conciencia de la importancia de la educación y porque también se sabe que hay que rehacer el proyecto de país entre todos, en el fin de esta etapa histórica en la que estamos viviendo, se plantea con aguda insistencia desde hace algún tiempo la necesidad de propiciar acuerdos nacionales sobre lo educativo. Este desideratum lo formulan los políticos y también la sociedad.
Ahora bien, la clave para ser prácticos en el asunto es evadir conscientemente cualesquiera de dos vías que no nos llevarían a buen puerto. La primera sería la de los acuerdos o consensos en torno a lo muy general. Si nos quedásemos tan sólo allí, no avanzaríamos. La segunda sería la de perdernos en la sumatoria sincrética de muchas iniciativas y propuestas, incoherentes o contradictorias entre sí. No nos sirve ni el consenso generalista ni el consenso por agregamientos informes de múltiples propuestas concretas.
Nos ha tocado centrar y resumir mucho el pensamiento de las miles de personas que hemos debatido durante estos meses.* Pero es necesario hacerlo porque no hay nada peor para un país que tener un desordenado exceso de ideas, acertadas o no, para enfrentar sus problemas. Se trata, más bien, de aclarar nuestras ideas y de ponerlas en orden y relación. Se trata de priorizar lo que se debe hacer. De hacer un esfuerzo especial para tratar de entender dónde pueden estar los ejes neurálgicos para el cambio y cómo se articulan entre sí.
Ahora vamos a una tercera y decisiva etapa, la de confrontar esas propuestas de la Asamblea Nacional de Educación con el parecer de las instituciones y los ciudadanos de este país. Por eso hay que entender a este documento, editado gracias al apoyo de la Fundación Polar, como un papel de trabajo. Invitamos a las instituciones, a las organizaciones sociales, económicas, educativas, políticas, militares, religiosas, culturales y científicas, a las comunidades educativas y a los ciudadanos a pronunciarse sobre cada una de estas 22 propuestas.
¿Qué estamos buscando? El propósito es realista: alcanzar una zona de consenso sobre algunas, más bien pocas, políticas o medidas a tomar en el corto, mediano y largo plazo en educación. Esa zona de acuerdos puede constituir una suerte de “común denominador” para todos los actores sociales. Ello no descarta que distintas organizaciones tengan o desarrollen un cuerpo de planteamientos sobre la educación más amplio y específico que el producto que pretendemos obtener.
Porque lo único que buscamos, lo reiteramos, es lograr, luego del análisis y la discusión, claridad como país en algunas políticas básicas para la educación, articuladas entre sí y compartidas si no por todos, al menos por la gran mayoría de las instituciones y de los ciudadanos. Lograrlo facilitaría la gobernabilidad en el campo hacia el futuro. Porque esas políticas comunes serían realmente las políticas de estado y de sociedad que encarrilarían nuestras acciones.
Felizmente, debemos decir también que no partimos de cero en materia de realizaciones en educación. La reversión en positivo de los males de nuestra educación puede ser incipiente, pero existe. Desde comienzos de los años noventa un conjunto muy variado de experiencias y políticas positivas promovidas por grupos de educadores, gobiernos regionales, grupos empresariales, el Ministerio de Educación, grupos religiosos y organizaciones sociales, se han venido desarrollando. Se apreciará claramente, al leer las propuestas de la Asamblea Nacional de Educación, que ya aprendimos los venezolanos que no tenemos que negarlo todo para ser críticos, que ya empezamos a aprender que la historia debe ser continuidad en lo que se debe y cambios progresivos y rupturas en lo que se necesite. De unas y de otros, de continuidades y cambios, versan las propuestas de la Asamblea Nacional de Educación.
¿Ellas no siguen necesariamente el orden de los diez temas?. Sobre los que giró el debate en los meses pasados. Más bien fueron ordenadas según el criterio de su secuencia y articulación lógicas. Solamente en este caso podríamos hablar de un “cuerpo” de propuestas y no de un simple amontonamiento de propuestas.
¿Cuál es la lógica que las articula y ordena?. El criterio fundamental es que la mejora de la calidad y pertinencia de nuestra educación es el gran propósito nacional. Para incrementar la calidad y los logros del sistema educativo se propone un conjunto de medidas que intentan cubrir todos los flancos del problema. ¿Cuáles son éstos?
En primer lugar, el tiempo que se destina a educar. En nuestro país es considerablemente bajo, apenas 900 horas al año. Hay, pues, que incrementar el tiempo de “exposición educativa” para que se den más posibilidades de educar mejor al intelecto (haciendo que los alumnos realicen sus tareas en la propia escuela, con la orientación de los docentes) y a las otras facetas de la personalidad de los jóvenes (por medio de actividades culturales, deportivas y sociales). Para ello se requerirán inversiones cuantiosas en infraestructura y en el incremento a los salarios de los docentes, por lo que ese plan de reinstauración del turno completo en nuestras escuelas debe abarcar unos años para su implantación.
En segundo lugar, la variable recursos de apoyo, en lo social, pedagógico y tecnológico, que hagan factible la propuesta del turno completo en las escuelas y el que se pueda aprender en ellas de manera más eficiente: que se les asegure a los alumnos su alimentación proporcionada en el plantel y que se dote a esos planteles con los recursos didácticos necesarios.
En tercer lugar, el que se realice un mejor pedagogía. Para atender a esta importantísima variable se formulan también propuestas. Una tiene que ver con la reforma de los programas de estudio, otra con la capacitación para el trabajo que debe fomentar la educación y otra con el estímulo a la creatividad pedagógica de los equipos de docentes.
Hablando de los docentes, esta es la cuarta variable sobre la cual también se formulan varias propuestas. Se necesita un docente más capacitado, más motivado, mejor formado y asistido y mucho mejor pagado.
Finalmente, identificamos una quinta variable, la que tiene que ver con la implantación de una cultura organizacional distinta, en la que la obtención del logro, en la que la búsqueda del mejor rendimiento, sea el norte de cada institución. En ellas deben existir metas a lograr, rendición de cuentas a la comunidad, evaluación del rendimiento de los alumnos, de los docentes y de las instituciones. Y todo ello con la participación muy activa de las comunidades educativas, a las que se le debe dotar de nuevas competencias para que se conviertan en las primeras supervisoras del proceso. Sobre todo ello, también se formulan propuestas.
Vinculadas las variables del tiempo, de los recursos pedagógicos y de apoyo social, las transformaciones curriculares y de estilo pedagógico, la actuación del docente y los sistemas de evaluación y rendición de cuentas, se trata inmediatamente de entender que activar y reforzar su acción no puede hacerse sin el incremento sustancial de los recursos económicos que se destinan a la educación, los cuales deben estar focalizados con mucha mayor intensidad hacia los niveles de Educación Preescolar, Básica y Media del sistema.
Sobre esta lógica descansan la gran mayoría de las propuestas de la Asamblea Nacional de Educación. Además, también se formulan algunas en relación con la Educación Superior, con el gravísimo tema de los jóvenes excluidos del sistema escolar y con la relación entre educación y los medios de comunicación social. Finalmente, la visión general que enmarca las propuestas tiene que ver con los papeles a jugar por el Estado y la Sociedad en relación con la educación.
Pretendemos que este cuerpo de propuestas sea debatido por las instituciones y ciudadanos del país, para contribuir todos a la transformación de nuestra educación, vista ésta como eje fundamental para reconstruir a nuestra nación. Los resultados de este debate serán la base del Compromiso Educativo Nacional.

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